El ritmo de despliegue de las energías renovables resulta determinante para lograr una transición energética ordenada a nivel global. En los  últimos años, el crecimiento de estas energías en la capacidad total de generación ha ido creciendo a tasas que, en promedio, demuestran el interés de los gobiernos y el público en general en transicionar sus matrices hacia energías más limpias que no contribuyan a los ya elevados niveles de emisiones contaminantes.

Según el último  informe estadístico del Instituto de Energía, Statistical Review of World Energy, elaborado en conjunto a KPMG, el crecimiento en la  generación de energías renovables registró cifras de dos dígitos a nivel global durante 2021 y 2022 (16,5% y 14,7% respectivamente).

Cifra que, de hecho, se espera sea similar para 2023 y 2024, aún teniendo en cuenta los efectos negativos sobre la inversión de las altas tasas de interés, la inflación, la persistencia de los conflictos geopolíticos y la inestabilidad en los mercados energéticos.

Pero, en este punto, América Latina juega un papel importante para cumplir con los objetivos de transición. Esto, especialmente, si se tiene en cuenta que la región es una de las más aptas para el desarrollo de energías  renovables, específicamente en materia de energía solar, eólica e hidroeléctrica de baja potencia.

De allí que, América Latina hoy cuente con tasas de dos dígitos durante el período mencionado (15,5% en 2021 y 11,7% en 2022). Asimismo, como destacó un reporte  publicado recientemente por Global Energy Monitor, la capacidad eólica y solar a gran escala de la región podría además crecer en un 460% para 2030, pasando de un acumulado actual de 69 GW a otro estimado en 390 GW (+319 GW), y ello sin tener en cuenta lo que podrían aportar  las hidroeléctricas.

De cumplirse este escenario, Brasil, que es el  actual líder en materia de parques solares y eólicos a gran escala en  la región, podría añadir 217 GW de potencia renovable para 2030, en  tanto que Chile, Colombia, México, Perú y Argentina contribuirían con  aproximadamente 95 GW.

¿Cuáles son los retos que impiden el despliegue a gran escala?

Expertos de KPMG explican que, “pese a que la región cuenta con un potencial enorme para el desarrollo de este tipo de energías, hay factores que impiden que su despliegue se dé a gran escala. Entre estos, se encuentran: los riesgos asociados a las cadenas de suministro, la estructura y funcionamiento de los mercados energéticos; las políticas  que inhiben el desarrollo de las energías renovables; el acceso al capital; (5) la licencia social y la justa transición, (6) el riesgo climático; los efectos sobre la naturaleza y biodiversidad; los cuellos de botella en los mercados emergentes y para obtener permisos; finalmente, la falta de inversión en la infraestructura de redes  eléctricas”.

Sin embargo, para que esto sea una realidad, los expertos ven necesario que los líderes del sector busquen comprender acabadamente la complejidad de los desafíos mencionados,  fomenten la colaboración con el resto de las partes interesadas (que  serán cocreadoras de los beneficios ambientales y económicos que las  energías renovables produzcan), eduquen en la materia (lo que facilitará  la obtención de una licencia social), y se apoyen continuamente en la  innovación tecnológica. De esta manera, quienes son responsables  de impulsar las energías renovables podrán tomar decisiones  informadas y minimizar los riesgos que son propios de un entorno  volátil y caracterizado por la incertidumbre.

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