El corazón y los riñones trabajan como un mismo circuito, y muchas enfermedades que parecen afectar solo a uno de ellos, en realidad comprometen a los dos. La diabetes, por ejemplo, suele verse como un problema de azúcar en la sangre que daña el riñón, pero ese deterioro renal termina sobrecargando el corazón. 

Otro ejemplo, es la insuficiencia cardíaca, este parece un problema exclusivo del corazón, pero al bombear menos sangre reduce el flujo hacia los riñones y acelera su daño. Y esa falla del corazón puede tomar dos formas: a veces el músculo se debilita y bombea con menos fuerza, y otras muchas conserva una fuerza de bombeo normal pero se vuelve rígido y no logra relajarse ni llenarse de sangre como debería. Esta segunda forma, conocida como insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada, es la más difícil de reconocer, porque el corazón parece funcionar con normalidad aunque ya no descanse bien.[1] Es una reacción en cadena que suele avanzar sin síntomas y que este 29 de septiembre, Día Mundial del Corazón, los especialistas quieren poner sobre la mesa.  “Es un error seguir pensando en el corazón y el riñón como órganos independientes del cuerpo. Comparten circulación, comparten señales hormonales y, en la práctica clínica, comparten pronóstico:

cuando uno se deteriora, el otro rara vez permanece intacto”, explica la Dra. Silvia Rey, asesora médica de Bayer para temas cardiorrenales.

Dos órganos, un mismo circuito

La relación no es de una sola vía. La literatura médica describe el síndrome cardiorrenal como una condición en la que la disfunción de uno de los dos órganos desencadena, de forma aguda o crónica, un deterioro del otro. Cada minuto, entre el 20 % y el 25 % del volumen de sangre que bombea el corazón viaja hasta los riñones para ser filtrada, un flujo constante que convierte a ambos órganos en piezas de un mismo circuito. 

Cuando la función renal se deteriora, el cuerpo retiene líquidos y sodio, sube la presión arterial y se activan mecanismos hormonales, entre ellos el sistema renina-angiotensina-aldosterona y el sistema nervioso simpático, que obligan al corazón a trabajar por encima de su capacidad. Un riñón que filtra menos obliga al corazón a bombear con mayor presión; un corazón que bombea menos sangre reduce el flujo hacia los riñones y acelera su deterioro. 

Ese círculo, silencioso en sus primeras etapas, es el que hoy concentra la atención de nefrólogos y cardiólogos en el país. La comunidad científica internacional, incluida la American Heart Association, agrupa

hoy estas interacciones bajo el concepto de síndrome cardiovascular-renal-metabólico, que busca unificar el abordaje de estas condiciones.3

La diabetes, el punto de partida más frecuente

En Colombia casi dos millones de personas conviven con diabetes, la causa más frecuente de daño renal, y más de un millón y medio ya viven con enfermedad renal crónica.4 El deterioro suele avanzar en silencio y rara vez se queda en un solo órgano: cuando el riñón pierde capacidad de filtración, el corazón debe compensar ese desgaste, y cuando el corazón falla, es el riñón el que empieza a resentirse. Sin detección oportuna, la enfermedad renal asociada a la diabetes puede llegar a reducir la esperanza de vida hasta en 16 años.5 

“En el paciente con diabetes, el riñón suele dar señales de alarma mucho antes de que aparezcan síntomas cardiovasculares evidentes. Por eso insistimos en que la medición de albuminuria debe ser parte de la rutina de control, y no una prueba reservada para cuando ya hay sospecha de daño avanzado”, señala la Dra. Rey.

Cuando el corazón se endurece: una insuficiencia cardíaca que puede pasar inadvertida

El corazón tiene dos funciones fundamentales: recibir la sangre y bombearla al resto del cuerpo. En la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada (ICFEp), el corazón conserva una capacidad normal para bombear, pero sus paredes se vuelven rígidas y no pueden relajarse y llenarse adecuadamente. Por eso, aunque el corazón siga bombeando con fuerza, no funciona de manera eficiente.

Esta condición suele desarrollarse de manera progresiva y puede pasar inadvertida durante años. Factores frecuentes como la hipertensión, la diabetes, la obesidad, la edad avanzada, el sexo femenino y la fibrilación auricular pueden contribuir a que el corazón se vuelva más rígido. Además, varios de estos factores también pueden afectar los riñones, haciendo que la alteración de un órgano termine repercutiendo en el otro.[2]

La ICFEp representa más de la mitad de los casos de insuficiencia cardíaca y afecta entre el 1 % y el 2 % de la población adulta. Su impacto sigue creciendo y su pronóstico es serio: cerca de la mitad de los pacientes fallece en los cinco años posteriores al diagnóstico. Además, síntomas como falta de aire, cansancio e hinchazón pueden confundirse con otras condiciones, lo que dificulta su identificación y tratamiento oportuno.[3]

El diagnóstico oportuno, la variable que cambia el pronóstico

Para el sistema de salud colombiano, el reto no es sólo clínico. Un diagnóstico tardío suele traducirse en el ingreso del paciente a terapias de alta complejidad, como la diálisis, cuando una intervención más temprana podría haber preservado la función de ambos órganos durante más tiempo. Especialistas coinciden en que el camino pasa por integrar la atención: que endocrinología, nefrología y cardiología acompañen al paciente con diabetes desde el momento del diagnóstico, en lugar de intervenir de forma aislada cuando el daño ya es evidente. “El reto no es solo diagnosticar a tiempo, sino cambiar la forma en que pensamos el cuidado de estos pacientes: proteger el riñón es, al mismo tiempo, proteger el corazón. Esa mirada integral es la que necesita hoy nuestro sistema de salud”, concluye la Dra. Rey.

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 American Heart Association, referenciada en: La definición del síndrome cardiovascular-reno-metabólico y su papel en la prevención, la estratificación del riesgo y el tratamiento. Revista Nefrología, 2024.  

La conexión entre el corazón y los riñones es una prioridad de salud pública. En un país donde la diabetes y la hipertensión continúan en aumento, entender que ambos órganos comparten un mismo riesgo, y que ese mismo puede detectarse antes de que se vuelva irreversible, es hoy uno de los llamados más urgentes para pacientes, médicos y tomadores de decisión en Colombia.


[1] Campbell P, et al. HFpEF Seminar. The Lancet. 2024. · Definiciones de insuficiencia cardíaca ESC/ACC.

[2] Campbell P, et al. HFpEF Seminar. The Lancet. 2024. · Peh ZH, et al. Front Cardiovasc Med. 2023. · Malik MK, et al. Front Cardiovasc Med. 2025. · Kapelios CJ, et al. The Burden of Disease of HFpEF. Cardiac Failure Review. 2023.

[3] Campbell P, et al. HFpEF Seminar. The Lancet. 2024. · Peh ZH, et al. Front Cardiovasc Med. 2023. · Malik MK, et al. Front Cardiovasc Med. 2025. · Kapelios CJ, et al. The Burden of Disease of HFpEF. Cardiac Failure Review. 2023.

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