Durante años, la biodiversidad ha sido vista como un asunto exclusivo de sectores extractivos o ambientales. Sin embargo, una conclusión empieza a imponerse con fuerza en la agenda empresarial global: todas las compañías dependen directa o indirectamente de los ecosistemas. En las cadenas de suministro, la disponibilidad de agua limpia, materias primas o la estabilidad climática, la naturaleza es un activo transversal que sostiene la operación de cualquier industria.

Es la principal conclusión de un informe publicado por la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, por sus siglas en inglés), que ha sido validado por más de 150 gobiernos. Para su desarrollo participaron cerca de 80 expertos del ámbito científico y la práctica, y fueron consultados los pueblos indígenas y las comunidades locales del mundo.

De acuerdo con la investigación, menos del 1 % de las empresas que presentan informes públicos mencionan su impacto en la biodiversidad. La cifra revela una brecha crítica en medición, transparencia y gestión del riesgo ambiental y plantea una pregunta incómoda: ¿están las organizaciones subestimando uno de los factores más determinantes para su propia sostenibilidad futura?

“Ignorar el impacto sobre la biodiversidad ya no es solo un error ambiental, es una decisión estratégica que puede comprometer la viabilidad futura de cualquier empresa. Hoy el verdadero riesgo está en no actuar. La sostenibilidad dejó de ser un asunto reputacional o de cumplimiento normativo: se convirtió en una condición esencial para garantizar la permanencia y resiliencia de las compañías” afirma Ximena Rueda, decana de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes y copresidenta de la evaluación.

De acuerdo con la experta, falta una traducción que lleve el conocimiento científico a las empresas, un puente entre el conocimiento de las comunidades locales que salvaguardan la biodiversidad y los directivos empresariales.  Para ella, la pérdida de biodiversidad ha llegado a niveles tan altos, que las compañías tienen su futuro incierto si no toman decisiones.

Una situación que toca a todas las empresas, incluso aquellas que nacieron en el entorno digital y que dependen del agua para el funcionamiento de servidores y de centros de datos. A este flujo de beneficios que van de la naturaleza a la sociedad, incluidas las empresas,  se le conoce como servicio ecosistémico.

El informe menciona que existen incentivos inadecuados o perversos, incluso obstáculos para las empresas, tales como los subsidios y otros flujos de dinero. Según datos del documento, en 2023 se invirtieron 7,3 billones de dólares en actividades que impactan negativamente la naturaleza. De este total, 4,9 billones llegan de la financiación privada y 2,4 billones de subsidios ambientalmente perjudiciales. Para contrastar, en dicho año solo el 3 % de los fondos se orientaron a actividades a favor de la biodiversidad. En palabras de Rueda “las empresas responden a incentivos, pero el sentido de estos debe cambiar a nivel de política pública”.

En el conocimiento y las universidades está parte de la solución

Tras dos años de investigación y la revisión de más de cinco mil fuentes, la conclusión es contundente: el conocimiento para revertir esta crisis ya existe. Sin embargo, permanece fragmentado y concentrado en círculos reducidos, como centros de investigación o en el saber acumulado de comunidades locales. El desafío no es la ausencia de información, sino la desconexión. Hace falta que las compañías se acerquen a ese conocimiento, lo integren en su estrategia y lo conviertan en acción.

En este escenario, se requiere una aproximación respetuosa que entreteja el conocimiento empresarial, el científico y el de las comunidades locales y los pueblos indígenas, para gestionar una dependencia ambiental que, hasta ahora, no hemos sabido manejar adecuadamente. En ese contexto, se advierte que las escuelas de administración y negocios del mundo tienen un rol preponderante: formar líderes capaces de integrar sostenibilidad, estrategia y toma de decisiones con una visión sistémica y de largo plazo.

“Debemos procurar que ese conocimiento sea digerible. Pero debemos, sobre todo, hacer un cambio cultural sobre el rol del administrador. El profesor Andrew Hoffman, en su libro Business School and the Noble Purpose of the Market: Correcting the Systemic Failures of Shareholder Capitalism, dice que la administración nació como una profesión de servicio o llamado para contribuir a un mundo mejor. Debemos recuperar esa visión del administrador como un servidor, no solo para generar ganancias, sino conectado con un propósito superior. Que el éxito empresarial no arrase, sino que proteja la naturaleza. Es un deseo muy genuino que se ve en los jóvenes que llegan a las facultades de administración hoy, con ganas de emprender y contribuir a la sostenibilidad” completa la experta.

Este informe supone un camino para que las compañías superen el falso ecologismo o ‘greenwashing’ a través de una hoja de ruta urgente para transformar la relación entre el sector privado y la naturaleza, identificando cinco pilares clave —desde marcos normativos hasta valores sociales— para crear un entorno socioeconómico habilitante. Con más de 100 medidas concretas, este documento actúa como un puente científico-normativo para que empresas y gobiernos cumplan con el Marco Mundial de Biodiversidad y el Acuerdo de París, reconociendo que la estabilidad de nuestra economía global depende directamente de la salud de los ecosistemas.