El sismo de magnitud 7,4 ocurrido el pasado 10 de agosto, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, y las réplicas registradas posteriormente volvieron a poner sobre la mesa una pregunta que muchas personas se hacen después de un movimiento fuerte: ¿cómo saber si los daños que aparecen en una edificación son superficiales o pueden comprometer su seguridad?
Desde la experiencia en gestión de emergencias y operación de inmuebles de Colliers Colombia, la primera recomendación es no asumir que una fisura es simplemente un problema estético. Algunas fisuras pueden afectar únicamente acabados o elementos de mampostería, pero otras pueden revelar desplazamientos o daños que requieren una revisión profesional.
“El error más frecuente es ver una fisura, hacerla resanar y volver a pintar sin determinar primero por qué apareció. Después de un sismo, lo importante es observar si la fisura aumenta, cambia de forma, atraviesa el muro o deja ver el material que hay detrás”, explica Luis Manuel Rincón, Jefe de Seguridad y Manejo de Emergencias de Colliers Colombia.
5 señales que deberían llamar la atención
Una primera revisión visual puede ayudar a identificar situaciones que requieren mayor atención:
1. Fisuras que aumentan de tamaño. Si una fisura continúa creciendo, se hace más ancha o cambia de forma después del sismo, debe ser documentada y revisada por un profesional.
2. Fisuras profundas o que atraviesan un muro. Cuando permiten ver el material interior, aparecen en ambas caras o presentan patrones diagonales pronunciados, no deberían cubrirse sin determinar antes su origen.
3. Muros deformados o desplazados. Una pared que deja de verse plana, presenta abombamientos o parece haberse desplazado puede requerir una evaluación profesional.
4. Puertas y ventanas que antes funcionaban y ahora no. Si una puerta comienza a rozar, arrastrarse o no cerrar correctamente, o una ventana deja de abrir con normalidad después de un sismo, puede indicar que se produjo algún desplazamiento.
5. Daños en elementos estructurales o desprendimientos. Columnas, vigas y escaleras requieren especial atención. También deben revisarse fachadas, vidrios, cielos rasos y otros elementos que puedan desprenderse.
La revisión tampoco debería limitarse a las paredes. Las redes de agua, energía y gas deben verificarse, ya que un movimiento puede generar daños que posteriormente se manifiesten como fugas o humedades.
El parqueadero puede dar una pista importante
En muchos edificios, los parqueaderos permiten observar con mayor facilidad columnas y vigas que permanecen cubiertas por acabados en otras áreas. Esto facilita una primera observación para identificar fisuras, desplazamientos o señales de deterioro.
Sin embargo, una revisión visual no reemplaza una evaluación estructural. Cuando existen dudas sobre el comportamiento de una edificación, la recomendación es acudir a un ingeniero estructural o profesional especializado que pueda determinar el alcance de la afectación.
“No se trata de evacuar un edificio cada vez que aparece una fisura, pero tampoco de minimizar cualquier daño. La decisión debe partir de una revisión que permita establecer cómo se comportó la edificación y si existen condiciones que puedan poner en riesgo a sus ocupantes”, señala Rincón.
Edificios antiguos: la edad no determina por sí sola el riesgo
Otro error frecuente es asumir que un edificio antiguo es necesariamente inseguro o que uno nuevo no necesita mantenimiento. La antigüedad, por sí sola, no permite determinar la capacidad de una edificación frente a un sismo.
En Colombia, las normas de construcción sismorresistente han evolucionado con el tiempo. La NSR-10 fue establecida mediante el Decreto 926 de 2010 y ha tenido modificaciones posteriores. En edificaciones existentes que requieren mejorar sus condiciones de seguridad, el reforzamiento estructural es una de las alternativas contempladas por la normativa y debe realizarse con acompañamiento técnico.
Por eso, los propietarios deberían conocer cómo fue construido su inmueble, qué intervenciones ha tenido, cuál es el estado de sus materiales y cuándo se realizó la última evaluación técnica.
La prevención también es una decisión de continuidad
Colliers recomienda establecer revisiones periódicas de la estructura, fachadas, redes, acabados y elementos no estructurales. Un diagnóstico técnico permite además anticipar inversiones. Si una edificación necesita reforzamiento, mantenimiento o una intervención específica, conocerlo con tiempo facilita presupuestarlo y evita tomar decisiones apresuradas durante una emergencia.
Una de estas herramientas se llama Debida Diligencia Técnica(DDT), una revisión técnica integral que permite conocer el estado del activo, identificar riesgos y establecer qué intervenciones o inversiones pueden ser necesarias. Este tipo de análisis resulta especialmente relevante cuando existen dudas sobre las condiciones de una edificación o cuando se requiere información técnica para tomar decisiones sobre su futuro.
“La seguridad de un inmueble no debería evaluarse únicamente cuando ocurre una emergencia. Conocer periódicamente el estado del activo permite identificar riesgos, priorizar inversiones y tomar decisiones antes de que un daño termine afectando no solo la operación de una empresa sino también la tranquilidad de quienes ocupan el edificio.”





