Si bien la carrera empresarial por adoptar inteligencia artificial está abriendo un nuevo riesgo para las compañías colombianas: avanzar más rápido en innovación que en protección digital. 2026 hay un factor que empezó a marcar una diferencia aún más profunda: la capacidad de resistir y recuperarse de un ciberataque.
Lo que antes se consideraba un asunto exclusivo de las áreas de tecnología hoy impacta directamente la reputación, la continuidad operativa, el acceso a nuevos negocios e incluso la valoración financiera de las compañías.
De acuerdo con el informe Cost of a Data Breach 2025 de IBM[1], el costo promedio global de una brecha de datos alcanzó los USD 4,4 millones, mientras que las organizaciones que integran automatización e inteligencia artificial en sus estrategias de seguridad logran reducir significativamente el impacto económico y acelerar los tiempos de respuesta.
Además, el más reciente Informe de Verizon[2] evidenció que el factor humano sigue presente en la mayoría de los incidentes de seguridad, especialmente a través de robo de credenciales, phishing y errores internos.
Para Lorena Pachón, Gerente de Desarrollo de Negocios en Ciberseguridad de SONDA Colombia, el cambio más importante es que la seguridad digital dejó de verse como un gasto técnico y pasó a convertirse en un factor de competitividad empresarial.
“Hoy las empresas ya no compiten únicamente por precio o capacidad operativa. Compiten por confianza, resiliencia y velocidad de adaptación. Una organización que no incorpora la ciberseguridad dentro de su estrategia corre el riesgo de perder oportunidades comerciales, frenar su innovación y afectar su reputación frente a clientes e inversionistas”, explicó la gerente.
El costo invisible que preocupa a las empresas
Aunque muchas compañías todavía relacionan la ciberseguridad únicamente con ataques o multas regulatorias, SONDA advierte que existen impactos menos visibles que hoy están afectando directamente la competitividad de las organizaciones.
Entre ellos se encuentran la pérdida de contratos por no cumplir estándares de seguridad, dificultades para acceder a seguros corporativos, fuga de propiedad intelectual, incremento en costos de adquisición de clientes y retrasos en procesos de innovación.
“La ciberseguridad se convirtió en un habilitador de negocio. Empresas que no cuentan con estándares maduros de protección y recuperación están quedando fuera de licitaciones, alianzas estratégicas y procesos de inversión”, agregó Pachón.
El problema ya no es solo tecnológico
Uno de los principales retos que identifican las compañías es que muchas organizaciones siguen dejando la ciberseguridad únicamente en manos de las áreas de TI. Para SONDA, este enfoque está generando brechas internas, falta de coordinación y mayores riesgos asociados al uso de herramientas no autorizadas o errores humanos.
“La mayoría de los ataques siguen teniendo un componente humano. Por eso la seguridad no puede depender únicamente del área técnica. Recursos humanos, finanzas, marketing y alta dirección también tienen un rol crítico en la protección de la organización”, señaló la directora.
La compañía advierte que el auge de herramientas de inteligencia artificial generativa también está elevando riesgos relacionados con phishing avanzado, suplantación de identidad y fuga de información corporativa.
Las empresas que lideran en 2026
Las organizaciones que lograrán mantenerse competitivas serán aquellas que integren la seguridad dentro de su estrategia de crecimiento y no como una medida reactiva.
Entre las decisiones que marcarán la diferencia este año están:
- Implementar modelos Zero Trust para proteger identidades y accesos.
- Priorizar estrategias de ciber resiliencia y recuperación operativa.
- Integrar seguridad desde el diseño en proyectos de IA y nube.
- Fortalecer el monitoreo de proveedores y terceros.
- Convertir la cultura organizacional en una primera línea de defensa.
“La diferencia entre las empresas líderes y las rezagadas no estará en quién compra más tecnología, sino en quién logra convertir la seguridad en una ventaja competitiva para innovar más rápido y generar confianza”, concluyó Pachón.
