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Educación + Arte + Ciencia: el laboratorio que está transformando el aprendizaje de niños y futuros maestros

Cuando se habla de calidad educativa, la conversación suele centrarse en colegios, universidades o pruebas estandarizadas. Sin embargo, el mayor impacto ocurre mucho antes: durante la primera infancia. Con esa premisa nació EduLab 360, el laboratorio de innovación educativa de la Licenciatura en Educación Infantil de UCompensar, un espacio donde la Educación, el Arte y la Ciencia se integran para transformar la manera de aprender de niños y niñas, al tiempo que fortalece la formación de los futuros maestros.

Lo que comenzó como un escenario de práctica académica hoy también se ha convertido en un espacio abierto para la comunidad. A través de experiencias gratuitas desarrolladas principalmente los sábados, 42 niños y niñas han participado en las diferentes actividades del laboratorio, 21 de ellos en el proceso más reciente, alcanzando valoraciones de satisfacción entre 4,7 y 5,0 por parte de las familias participantes.

Además, EduLab 360 ha extendido su impacto a jardines infantiles cercanos, madres comunitarias y familias del sector, acercando los recursos de la institución de educación superior a poblaciones que tradicionalmente no tienen acceso a este tipo de experiencias de aprendizaje. fortaleciendo el desarrollo de las infancias desde una perspectiva integral y promoviendo espacios de aprendizaje compartido entre niños, cuidadores, comunidades y futuros docentes.

Cada jornada convierte el campus en un escenario de exploración. Los niños recorren laboratorios de robótica, biología y química, visitan el CRAI, experimentan en espacios inmersivos y participan en actividades que integran ciencia, tecnología, arte, juego y sostenibilidad mediante metodologías STEAM. Mientras tanto, los estudiantes de la Licenciatura en Educación Infantil diseñan, implementan y evalúan estas experiencias en escenarios reales, fortaleciendo competencias pedagógicas, investigativas, tecnológicas y socioemocionales desde el contacto directo con la comunidad, en un ejercicio que también fortalece el vínculo entre la universidad, las familias y los diferentes actores del territorio.

Este modelo responde a un desafío que enfrenta Colombia. De acuerdo con la UNESCO, la primera infancia comprende el periodo entre el nacimiento y los ocho años, mientras que UNICEF señala que durante los primeros cinco años de vida ocurre el desarrollo cerebral más acelerado. En esta etapa se sientan las bases del aprendizaje, la socialización y el desarrollo emocional de las personas.

En Colombia, la participación de niños y niñas entre tres y cinco años en programas de educación inicial alcanza el 67,4 %, de acuerdo con la OCDE. Al mismo tiempo, el país ha avanzado en la ampliación de la oferta: durante los últimos años pasó de contar con 637 sedes oficiales con atención educativa en prejardín y jardín en 2022 a 5.235 en 2026, ampliando la presencia de educación inicial en 680 municipios. Este crecimiento evidencia tanto los avances en acceso como el desafío de garantizar experiencias educativas de calidad y contar con docentes preparados para acompañar a las nuevas generaciones.

Para Andrea Romero, directora de la Licenciatura en Educación Infantil de UCompensar -programa que recientemente renovó la acreditación en Alta Calidad otorgada por el Ministerio de Educación Nacional-, hablar de educación infantil va mucho más allá de preparar a un niño para ingresar al colegio. “La educación infantil es la base sobre la que se construye todo el proceso educativo de una persona. Durante estos primeros años se desarrollan habilidades para aprender, convivir, resolver problemas y comprender el mundo. Por eso, formar maestros con metodologías innovadoras y con experiencias reales de aprendizaje es una inversión que trasciende las aulas y tiene impacto en toda la sociedad”, afirmó.

Un laboratorio donde aprender significa experimentar

EduLab 360 se ha consolidado como un ecosistema de innovación educativa que integra formación docente, investigación, proyección social y trabajo con la comunidad. Su propuesta parte de un principio sencillo: las infancias aprenden mejor cuando experimentan, exploran y crean; y los futuros maestros se forman mejor cuando viven esas experiencias junto a ellas.

Además de las jornadas abiertas a la comunidad, el laboratorio desarrolla proyectos de investigación sobre juego e interculturalidad, impulsa Aula Verde para promover la sostenibilidad y la ciudadanía planetaria desde la primera infancia y articula iniciativas con organizaciones como Compensar para fortalecer el trabajo con familias. También mantiene vínculos con jardines infantiles cercanos y madres comunitarias, ampliando el alcance de sus experiencias pedagógicas más allá del campus universitario.

“Creemos que los mejores maestros no se forman únicamente dentro de un salón de clase. Necesitan interactuar con los niños, comprender sus contextos, trabajar con las familias y aprender a transformar cada experiencia en una oportunidad de aprendizaje. Esa conexión con la realidad fortalece su formación profesional y también genera un impacto positivo en las comunidades con las que trabajamos”, concluyó Andrea Romero.

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